La prospección geofísica comprende un conjunto de técnicas destinadas a la detección y caracterización de estructuras enterradas. En este contexto, la arqueología es una de las disciplinas que más se beneficia de la aplicación de métodos geofísicos para la investigación del subsuelo.
La geofísica aplicada a la arqueología permite localizar e identificar rasgos culturales enterrados sin necesidad de realizar excavaciones invasivas. Esto proporciona al arqueólogo una primera aproximación de las posibles evidencias arqueológicas presentes en una zona de interés, permitiendo evaluar grandes extensiones de terreno de manera rápida, eficiente y con un mínimo impacto sobre el patrimonio.
Métodos como la Tomografía Eléctrica (ERT) y el Georradar (GPR) ofrecen una excelente capacidad de resolución a poca profundidad, permitiendo detectar y delimitar estructuras enterradas, cavidades, muros, cimentaciones y otros elementos arqueológicos con un alto nivel de detalle.
Como en toda disciplina científica, la geofísica permite desarrollar modelos que representan el comportamiento de los materiales presentes en el subsuelo. Estos modelos constituyen representaciones conceptuales, matemáticas y gráficas de los elementos estudiados y de las relaciones existentes entre ellos dentro de un dominio conocido.
Cuando se desea evaluar la respuesta esperada de un método geofísico antes de ejecutar una campaña en terreno, es posible realizar un modelamiento numérico. En el ámbito arqueológico, esta simulación permite representar las características físicas de las estructuras de interés y analizar cómo responderían frente a diferentes técnicas geofísicas. De esta manera, es posible optimizar el diseño del levantamiento, seleccionar la metodología más adecuada e interpretar los resultados con un mayor grado de confianza.
Una de las principales ventajas de estas metodologías es su carácter no invasivo, ya que permiten investigar estructuras y monumentos enterrados sin alterar su estado de conservación. Por ello, los métodos geofísicos se han convertido en una herramienta fundamental para la investigación arqueológica, contribuyendo a planificar campañas de excavación de manera más eficiente, precisa y con un menor impacto sobre el patrimonio cultural.