El método sísmico de reflexión presenta una limitante al momento de realizar un análisis detallado de anomalías asociadas a cambios de fluido o a cuerpos intrusivos, especialmente cuando se busca la identificación de yacimientos. Esta limitación corresponde a la presencia de anomalías de amplitud, también conocidas como entonación sísmica.
En la exploración de yacimientos, y en gran medida en función de la experiencia del intérprete, es habitual buscar anomalías de amplitud localizadas; es decir, aquellas que rompen la continuidad o modifican el aspecto de un reflector sísmico, ya que suelen representar el tope de un yacimiento de hidrocarburos o la presencia de mineralización asociada a cuerpos intrusivos.
Una vez finalizada la etapa exploratoria e identificadas las zonas prospectivas, el siguiente paso consiste en desarrollar una campaña de delineación que permita determinar cuáles presentan el mayor potencial de explotación y, de esta manera, optimizar el posicionamiento de los pozos en sectores de alta porosidad (como ocurre, por ejemplo, en la industria petrolera). Uno de los métodos más utilizados para discriminar correctamente entre zonas prospectivas reales y falsos positivos es la sísmica multicomponente tridimensional (3D3C).
Pero ¿cómo contribuye esta técnica a la delineación?
Ante un cambio de fluido (petróleo-agua) o de medio (cuerpo intrusivo-roca caja), la velocidad de propagación de las ondas P (registradas en la sísmica PP) se ve afectada, modificando la amplitud de las trazas sísmicas y generando anomalías. Sin embargo, un efecto similar también puede producirse por la presencia de capas delgadas, las cuales igualmente generan anomalías de alta amplitud. Por otro lado, un registro sísmico PS no se ve afectado por un cambio de fluido, ya que las ondas de corte (ondas S) no se propagan a través de los fluidos.
De esta manera, si en un registro PP se identifica una anomalía de amplitud, pero el registro PS correspondiente no presenta dicha anomalía, esta se interpreta como un efecto producido por capas delgadas y no por un cambio de fluido, descartándose así la presencia de un yacimiento de hidrocarburos.
En el caso de la exploración minera, el escenario es más complejo, ya que la respuesta sísmica depende de múltiples factores litológicos y estructurales. Por ello, resulta necesario integrar la información sísmica con otras metodologías geofísicas y geológicas para validar las anomalías observadas y determinar con mayor certeza la presencia de un cuerpo mineralizado.