La evaluación de la integridad de geomembranas constituye una etapa fundamental para garantizar la impermeabilización de piscinas, pilas de lixiviación, tranques de relaves y otras instalaciones de contención utilizadas en la industria minera. Aunque durante la instalación se realizan controles de calidad para verificar la correcta soldadura entre láminas de HDPE y minimizar la presencia de defectos, siempre existe la posibilidad de que se produzcan perforaciones o daños mecánicos durante la construcción, la operación o las labores de mantenimiento. Por ello, es indispensable verificar la integridad del sistema antes de su puesta en servicio y durante toda su vida útil.
La detección de fugas en geomembranas expuestas, antes de su cobertura, se realiza habitualmente mediante métodos eléctricos de alto voltaje, los cuales permiten localizar en tiempo real discontinuidades, perforaciones o defectos de instalación. El principio de funcionamiento consiste en aplicar un potencial eléctrico sobre la superficie de la geomembrana; cuando existe una discontinuidad, se produce una descarga eléctrica hacia el material conductor ubicado bajo la membrana, permitiendo identificar con precisión el punto de fuga.
Sin embargo, una geomembrana correctamente instalada puede sufrir daños posteriores debido a la colocación del material de cobertura, la operación de equipos, asentamientos diferenciales o esfuerzos mecánicos durante la vida útil de la instalación. En estos casos, la detección de fugas requiere la aplicación de métodos geofísicos indirectos capaces de evaluar grandes superficies sin necesidad de intervenir la infraestructura.
Entre las metodologías más utilizadas destacan la Tomografía de Resistividad Eléctrica (ERT) y otros métodos eléctricos especializados para detección de fugas, los cuales permiten identificar anomalías asociadas a infiltraciones, mapear zonas con incremento de humedad y delimitar la extensión lateral de los procesos de filtración. Esta información resulta esencial para reducir pérdidas de solución, optimizar los programas de mantenimiento y prevenir impactos ambientales derivados de la migración de contaminantes.
La correcta interpretación de los resultados requiere experiencia en geofísica aplicada, ya que las anomalías detectadas pueden estar relacionadas con variaciones geológicas naturales, cambios en las condiciones hidrogeológicas o daños reales en la geomembrana. Por ello, la integración de la información geofísica con antecedentes operacionales y geológicos es fundamental para lograr un diagnóstico confiable y definir las acciones correctivas más adecuadas.