El mapeo electromagnético consiste en la adquisición sistemática de información de conductividad eléctrica sobre amplias superficies mediante sensores electromagnéticos de alta resolución. La metodología permite detectar contrastes eléctricos asociados a cambios litológicos, estructuras geológicas, presencia de agua, alteración hidrotermal o contaminación, generando mapas continuos que facilitan la identificación de anomalías y la planificación de investigaciones de mayor detalle. Debido a su rapidez de ejecución y cobertura espacial, constituye una herramienta eficiente para campañas de reconocimiento, exploración minera, estudios ambientales y evaluación preliminar de grandes áreas de interés.