Muchos de nosotros hemos experimentado en algún momento al ver un vehículo en una autopista que sus ruedas aparentemente giran hacia atrás, aunque vayamos en la misma dirección de desplazamiento, o que las aspas de una avión en pleno vuelo permanecen quietas o cambian su dirección. Esto sucede porque nuestro ojo no es capaz de tomar toda la información proveniente del medio que nos rodea a un ritmo adecuado para captar el movimiento tal cual es.
Este fenómeno se conoce como aliasing o submuestreo, y se produce cuando no es posible recomponer una señal determinada a partir de sus muestras, ocasionando que la imagen luzca desfasada, alterada e incluso irreconocible. Por lo que, si se quiere una “nitidez” de la imagen o una adecuada recomposición de esta, el instrumento de captura, como nuestros ojos y una cámara, debe tener una tasa de muestreo lo suficientemente baja (cantidad suficiente de fotogramas por segundo, FPS, en términos cinematográficos), siguiendo el Teorema de Nyquist.
En geofísica, el fenómeno de aliasing cobra mucho valor al momento de las campañas de adquisición de datos, por lo que se debe ajustar adecuadamente la cantidad de muestras que se pueden recolectar en un tiempo dado o el espaciamiento de receptores, para así obtener registros que sean una representación fiel de las condiciones del subsuelo. De lo contrario, los efectos no pueden ser mejorados durante el procesamiento de datos.