En la exploración del subsuelo se requiere de la integración de información obtenida por diferentes técnicas, geológicas, geofísicas y geoquímicas, las cuales son complementarias entre sí. Estas técnicas de prospección pueden ser indirectas, como los son los métodos eléctricos, gravimétricos y sísmicos, o directas, como son las calicatas y los sondeos de pozo.
El sondeo de pozo exploratorio es una de las técnicas más importantes y costosas de exploración minera, ya que a través de esta tendremos información directa del subsuelo, permitiendo determinar la ubicación y valor económico de una mineralización. Además, de los sondajes exploratorio existe el sondaje geotécnico, el cuál tendrá como objetivo la determinación de las características litológicas y mecánicas de la columna estratigráfica, como apoyo a la determinación de la estabilidad de las obras ingenieriles mineras.
Dentro de la descripción geofísica y mecánica del macizo rocoso es importante la determinación de la frecuencia y magnitud de las fracturas presentes, ya que es fundamental en la determinación de la calidad de roca, la permeabilidad, la conductividad hidráulica y la dirección preferencial del flujo de fluidos.
Existen diferentes registros de pozo para la detección de fracturas, entre ellos se encuentra el registro sónico (FWS), el cuál permite estudiar zonas fracturadas y propiedades elásticas de las rocas, en función de la variación entre la velocidad de onda P y de onda S de las formaciones.
También existen los registros de imágenes, Televiwer Óptico y Acústico, los cuales permiten obtener visualizaciones en todas las direcciones de la pared del pozo, aportando información sobre la densidad, acimut e inclinación de las fracturas, además de ayudar a determinar el modelo geomecánico de esfuerzos al que está sometido el área de estudio.